El Padre de Rosario

El día que fuimos a ver al Padre Ignacio llovía a cántaros. Desde varios lugares diferentes nos llegaron referencias, comentarios, todos de tono similar: “tiene una energía increíble”, “es como el Padre Mario, cura con las manos”, “sentís una fuerza especial” y cosas por el estilo.

Nos habíamos organizado para arrancar más temprano que de costumbre: él no iría al colegio, su sesión de radioterapia en el Hospital Militar pasaría de las 14 hs. (horario habitual) a las 10 de la mañana y desde allí, emprenderíamos junto a mi esposa, los tres, el viaje hacia las afueras de Rosario, a 300 kilómetros de Buenos Aires.

Pero la naturaleza no es de respetar mucho lo que el hombre dispone –si lo sabremos nosotros-, y ese día decidió que un diluvio inundara la ciudad. Empezó a llover temprano y a la hora de salir de casa la tormenta estaba en su punto máximo. Para colmo, las imágenes que se veían por televisión mostraban que la zona más afectada por el temporal estaba en nuestro camino hacia el hospital.

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No es fácil acceder al Padre Ignacio. Lo rodea una minuciosa organización que ordena el aluvión de necesitados que peregrinan hacia él en busca de sanación, o algo que se le parezca. En las misas de los domingos se reparten turnos para la semana, y solo recibe personalmente a aquellos que tengan su número, y en perfecto orden de llegada.

Mi cuñado y su mujer fueron el domingo anterior a ese jueves a una de las habituales misas y, entre movimientos de gentes para un lado y otro, lograron el ansiado número. La división era entre los que buscaban una imposición de manos en el momento, masiva, y los que buscaban una atención personal en la semana: ese era nuestro caso. Debieron demostrar con copias de nuestros documentos de identidad el parentesco. En ese momento, mi hijo, además de ser para la iglesia un hijo de dios más, debía ser documentadamente sobrino de mi cuñado, que estaba pidiendo el número que nos permitiera estar unos instantes junto al Padre.

Como fuera, teníamos un turno para ese jueves, y ese jueves diluviaba. No sabíamos si el encuentro se postergaba por lluvia al siguiente día hábil o algo así, como en el caso de los espectáculos al aire libre. Había mucha demanda para el Padre y teniendo una oportunidad de verlo, había que aprovecharla.

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Esperábamos durante la mañana que la lluvia aflojara un poco, pero las horas pasaban y la esquina de Juan B. Justo y Santa Fe se mostraba cada vez más inundada, con autos varados y colectivos atravesados. Ese era nuestro camino diario obligado y aun pensando en alternativas, la TV advertía que la ciudad era un caos y, si uno no necesitaba salir, no tenía que hacerlo. Nosotros sí necesitábamos salir.

Hacia el mediodía la lluvia empezó a hacerse menos intensa, y decidimos partir rumbo al hospital por un camino alternativo. Tardamos más de una hora en hacer un trayecto de 20 minutos, pero llegamos, y eso parecía bastante en el contexto. La sesión de rayos fue muy rápida, no había nadie: se ve que la gente le hace caso a la televisión y optó mayoritariamente por saltearse la sesión de ese día. La calle se veía peligrosa y en general está permitido saltearse alguna de las sesiones diarias. Ese día todos parecieron coincidir, excepto mi hijo.

Los técnicos de radioterapia se alegraron al verlo. Se había generado un vínculo muy intenso entre ellos. El se preocupaba por llevarles facturas todos los viernes, y en hacerles unos escudos de equipos de fútbol que calcaba de originales que descargaba de internet. A cada uno le fue llevando un escudo de su equipo. No se trataba solo de un regalo: era una puesta en valor de su trabajo, les estaba demostrando que los escuchaba cuando en los momentos difíciles, le daban charla, casi siempre era futbolera. “¿De qué equipo sos?”, solían preguntarle. Al principio intentaba algunas respuestas políticamente correctas, pero finalmente adoptó para siempre el “no me importa el fútbol”. Pero sí le importaban ellos: hacer esos escudos era su forma de mostrar gratitud. Una especie de “a mí no me importa el fútbol, pero si a vos te importa, yo te regalo esto”. Y claro, ellos se preocupaban por hacerle fácil ese trance y lo lograban, haciendo lo suyo con afecto y respeto, de ahí la gratitud (¡qué diferencia entre los técnicos y los médicos!).

La lluvia comenzaba a ceder definitivamente y la ciudad drenaba lentamente, pero ya eran las dos de la tarde, se suponía que a esa hora íbamos a estar allí, en Rosario, esperando nuestro momento de ver al Padre. Hablamos con mi cuñado que estaba viviendo en una ciudad cercana a Rosario, Rafaela, en la misma Provincia de Santa Fe. El partiría hacia la iglesia en el mismo momento que nosotros y llegaría un tiempo antes como para reservarnos un lugar. En ese momento emprendimos el viaje, que debería llevarnos unas 3 horas, en condiciones normales. Pero ese día no parecía que habría “condiciones normales”.

El primer tramo del viaje se desarrolló sin problemas. Como durante todo el transcurso de su enfermedad, él era el encargado de poner el buen humor en todas las situaciones, mostrando el lado divertido de cualquier circunstancia, poniendo las cosas en su lugar. Escuchábamos música, hablábamos con frecuencia con mi cuñado para ver por dónde estaba, si había llegado a Rosario.

Promediando el viaje comenzó un diluvio en la ruta que apenas permitía ver las luces del auto de adelante. Eso, obviamente, nos hizo aminorar la marcha. La velocidad más rápida del limpiaparabrisas era insuficiente para despejar tanta agua. Pronto la marcha se hizo más y más lenta, hasta que pasando el último peaje antes de llegar a la ciudad de Rosario, nos detuvimos. Se armó ese clásico paisaje de fila de autos que hace suponer que algo ha sucedido más adelante, pero fuera del alcance de nuestras vistas. Y la sensación de que pasará mucho tiempo antes de conocer el motivo de semejante embotellamiento. No había piedad para con nuestra ansiedad, y nuestra desesperada necesidad de no transmitírsela a él.

La columna de autos se movía con una lentitud exasperante. Por los menos, la tormenta se transformaba en llovizna. Noticias desde la parroquia del Padre: mi cuñado llegó, varias horas después que comenzaran a repartirse los turnos. Ya tenía uno, pero en horario de atención incierto. Por fin, pasamos frente al lugar del incidente que causaba la demora: un camión con acoplado se deslizó por el asfalto y quedó suspendido en un puente, obstaculizando parte de la ruta. El aspecto del accidente era impactante, pero nosotros estábamos en otra cosa. Insultando a los automovilistas que iban lento para ver el espectáculo, pusimos máxima velocidad rumbo a Rosario, que ya estaba a pocos kilómetros. Mientras, el sol salía radiante, como si no supiera cuanto lo habíamos necesitado ese día.

Siguiendo las indicaciones, tomamos la autopista que rodea la ciudad de Rosario y en la salida que correspondía bajamos e ingresamos a un barrio sencillo y digno. En medio de ese barrio se encontraba la parroquia. Como no hay en mi formación cultural mucha información de cuestiones relacionadas con la iglesia y el catolicismo, puede que muchos relatos carezcan de los términos apropiados y utilice frases coloquiales y descriptivas para lugares o hechos que en la jerga de la religión suelen llamarse de otra forma. Sabrán comprender.

El lugar era una especie de complejo de aproximadamente una manzana. Podía verse en un prolijo sitio de internet, que parecía diseñado para un lugar turístico. Con un espacio al aire libre, un estacionamiento semivacío al que pocos podían acceder, dos edificios que oficiaban de iglesias (creo, solo entré en uno) y un complejo de viviendas. Todo extremadamente prolijo, en perfectas condiciones de aspecto e higiene. Una obra que supongo representa una gran inversión, para su desarrollo y su mantenimiento. A nosotros no nos pidieron ni un peso (excepto para comprar los bidones para agua bendita, pero eso fue por fuera de la parroquia), por lo que supongo tendrá aportes estatales, o contribuciones de beneficiarios con recursos.
Llegamos casi a las seis de la tarde, los tres nos encontramos con mi cuñado. Teníamos varios números por delante. El día ya estaba espléndido, por lo que la espera sería más tolerable en los hermosos espacios verdes entre los edificios de la parroquia.

- “¿Trajeron los documentos?”, nos preguntó mi cuñado. Si los hubiésemos traído no estaría escribiendo esto. Olvidamos los documentos, cuya presentación era imprescindible para ser atendidos: parece ser que sólo se puede pedir por parientes cuyo lazo esté legalmente comprobado. ¿Qué hacer? Yo conservaba una copia de los documentos de toda mi familia escaneada en la computadora de mi trabajo, en Buenos Aires. Sólo tenía que pedirle a mi socio que las imprimiera, y me las mandara por fax a la secretaría de la parroquia. Qué suerte haber nacido en esta era de las cosas instantáneas. Pero no. La existencia del fax de la secretaría nos era negada. Vaya uno a saber porqué. Así que a buscar un locutorio que tuviera fax, y a pedir que me manden una copia a un número a determinar. Tampoco parecía ser tan difícil. Empecé a caminar con destino a un locutorio. Nunca entendí la explicación de cómo llegar que me dio un lugareño, pero la tercera vez que repregunté ya no me dio la cara, así que no hubo cuarta y emprendí viaje hacia “para allá”, con la esperanza de encontrar otro vecino mejor baqueano en el arte de ubicar locutorios. A 6 cuadras, primer locutorio, sin fax. Ni mucho menos acceso a internet (para cuyo caso necesitaría impresora, a esta altura una quimera). Segundo, tercer locutorio, la misma suerte. Ya estaba a unas 20 cuadras, creo. El ambiente no era el mismo que desde donde había partido, me miraban desde los umbrales de las casas precarias como si tuviera un cartel que dijera “Porteño perdido, temeroso de ser robado, en el mejor de los casos”. Decidí volver, sencillamente porque ya no sabía bien donde estaba. Regresé derrotado, sin los preciados documentos, pero con la noticia de que mi cuñado recuperó las copias de fax que había llevado y dejado el domingo anterior, y que iban a tener la gentileza de aceptarnos con eso “como una excepción”.

Nuestra tranquilidad era verlo muy bien. De buen humor, descansado, se mostraba poco interesado en el contexto y concentrado en el encuentro con su querido tío, y en ver si ubicaba algún entretenimiento en el lugar. Además, nuestros víveres para la tarde se habían terminado y el tratamiento con corticoides le despertaba un apetito voraz, por lo que la inspección del lugar en busca de centros de aprovisionamiento se transformó en su prioridad.

Mientras, mi cuñado estaba dentro del recinto con mi esposa, buscando entender cómo era la cuestión. En un momento nos turnamos, e ingresé yo. No lo hice con comodidad. Nunca entro a un espacio religioso con comodidad. Desconozco las reglas, siento que en cualquier momento estaré en infracción sin saber porqué. De repente todos se levantan y murmuran cosas que no entiendo, pienso que una especie de detector de pecadores se dará cuenta y todos girarán para mirarme y señalarme, como si no cantara el himno en un acto escolar y todos hicieran silencio al mismo tiempo para dejarme en evidencia (a propósito: ya no canto el himno, decidí prestarle atención a la letra, yo no voy a jurar que voy a morir con gloria, prefiero morir de viejo, esa es la verdad).

En el lapso que estuve dentro de la iglesia pude observar al Padre y los encuentros con diferentes fieles. Muchos acuden en busca de fertilidad. Se lo relaciona mucho con la sanación de enfermos, pero también con brindar fecundidad a parejas que la estén necesitando. Me acerqué lo más que pude para escuchar. –“Padre, lo que más queremos en este mundo es tener un hijo”, fue la frase de la mujer de una pareja. Yo solo quería conservar al mío, parecía menos ambicioso y más al alcance de este hombre. El padre unió sus cabezas, y también la propia, los bendijo, creo que les dio una bolsita de tierra para colocar en algún lugar de la casa. Luego murmuró algunas palabras al oído de ella, y lo llamó al muchacho. Le pidió que cierre los ojos, le sujetó la nuca, dijo algunas palabras en un tono más elevado, y el muchacho se desplomó hacia atrás. –“¿Viste eso?”, me dijo mi cuñado. –“¿Qué cosa?”, le conteste. –“¡Como el tipo se desplomó!”.

Ahí estábamos los dos. Uno que quería creer y podía y otro que quería creer y no podía.

El Padre hacia con todas las personas lo mismo: eran las personas las que provocaban resultados diferentes. Reconozco que al ingresar le vi un aura especial: su vestimenta, el contexto, el hecho de ser originario de Sri Lanka, Ceilán y notarse en sus rasgos, le daban un aspecto exótico que invitaba a creer que era capaz de producir un vínculo distinto que el de un religioso estándar. Pero con el correr de las horas el aura se iba apagando para mí, mientras que crecía para el resto. ¡Qué suerte el resto! Pasaban las horas y se acercaban las fatales 21 horas, donde darían misa por el lapso de una hora y se interrumpiría la atención. Las matemáticas son infalibles, faltaban 10 números y a quince minutos por persona nuestro encuentro sería después de las 22 hs.

Y así fue. A las nueve de la noche, a más de 3 horas de haber llegado luego de un viaje tan estresante, se dio por terminada la atención, el Padre se retiró a descansar –así dijeron- y comenzó una misa con otro Padre de rango inferior, autorizado para dar misa pero aparentemente sin poderes especiales a la vista. El hambre ya era importante y fuimos en busca de algo más sólido que los paquetes de chizitos y galletitas que ya habíamos digerido hace rato.

A la vuelta de la parroquia ubicamos un quiosco. Allí fui con él, y nos comimos un super-pancho cada uno. En otras circunstancias no le hubiese permitido comer algo elaborado en un quiosco tan precario sin las condiciones de higiene necesarias, pero ¿Qué podía pasar? ¿Que se inunde la ciudad? ¿Que nos agarre una tormenta en el camino? ¿Que nos olvidemos los documentos después de un viaje de 4 horas? ¿Qué me hagan esperar indefinidamente para bendecir a un chico de 11 años que desde una cuadra se ve que está en un tratamiento de radioterapia? Le dimos duro a los super-panchos con mayonesa, kétchup y mostaza, y después repetimos una vuelta más. Creo que él volvió un par de veces más al quiosco con mi cuñado y con mi esposa, y bajó considerablemente el stock de salchichas del quiosquero. Después compramos víveres para la vuelta, que no sería inmediata.

Pasadas las diez de la noche, el Padre Ignacio volvió a la plataforma donde se encontraba el púlpito, y reanudó la atención de la veintena de personas que aún aguardaban su momento. Teníamos 3 ó 4 personas por delante. Él ya estaba bastante cansado, pero nada afectaba su buen humor. De todas formas no terminaba de entender porqué estábamos allí, o por lo menos no preguntaba demasiado. Nosotros dábamos algunas explicaciones incongruentes, y él las aceptaba sin réplica, porque sólo replicaba en conversaciones que trataban temas racionales.

Finalmente, casi a las once de la noche, llamaron a nuestro número.

Pasaron a ver al Padre Ignacio él y su madre. Yo me quedé en un primerísimo segundo plano, a la escucha de todo. Lo primero que dijo al ver un chico hinchado por los corticoides y pelado por la radioterapia, es –“si te hubiese visto antes te hacía pasar”. ¿Cómo si te hubiese visto antes? ¿No se dio cuenta que ese chico que se paseaba de un lado al otro con esas características físicas era un caso más urgente que una pareja infértil? ¿Qué necesitaba, que fuera fluorescente?
-“¿Qué te anda pasando, hijo?”, le preguntó el Padre buscando que él le explique su padecimiento y sufrimiento. –“¡que hace cinco horas que estoy esperando y estoy muerto de hambre y sueño!”, le respondió. –“Esperemos que tanta espera sirva para que te pongas bien”, replicó el Padre. Ese diálogo fue increíble. Todos los presentes veíamos en el Padre Ignacio, como mínimo, un ser especial. Él veía a un tipo medio negro vestido con túnica y bastante menos atento por su enfermedad que los técnicos de radioterapia. Así que ¿por qué merecería más respeto?

Acto seguido el Padre preguntó por el padre del chico, y no tuve más remedio que pasar, cosa que en el fondo deseaba porque tenía una necesidad imperiosa de creer, y como adulto, estaba en condiciones de construir lo que hiciera falta para que el acuerdo funcione como con aquél muchacho infértil. Juntó nuestras cabezas, nos bendijo, nos dio algunas palabras de aliento que no recuerdo, y ninguno de nosotros se atrevió a pedirle un pronóstico. Creo que después de un día tan largo, sólo deseábamos que todo termine e irnos de vuelta a casa. Nos bastaba con que el Padre le señalase a dios –“protege a este chico”, luego dios se encargaría del resto, ya que es omnipresente.

Pero las cosas no eran tan fáciles: el Padre nos derivó a una asistente –bastante maleducada-, que nos dio una serie de instrucciones, todas basadas en el empleo del agua bendita y las oraciones del culto: avemarías y padrenuestros. Por ejemplo: todos los días hervir agua bendita con jugo de limón y que haga inhalaciones del vapor. Pasarle agua bendita por la espalda mientras se rezan 5 avemarías y 5 padrenuestros, etc., etc., etc. La lista era interminable y se necesitaban cantidades de agua bendita al por mayor. A los 2 meses deberíamos regresar así el Padre nos diría cómo va la cosa. –“¿Pero pedimos un turno, no es que no se da más de un turno por persona por año?” preguntamos. – “Ustedes vengan un domingo, tratan de acercarse al Padre para que les diga”. –“Pero necesitamos cierta certeza de que nos va a atender, venimos de Buenos Aires para verlo”, le dijo mi esposa tratando de que entienda que no resultaba fácil movilizarnos en nuestras circunstancias. –“Bueno, tampoco es que Buenos Aires esté tan lejos, yo me voy allá cada vez que tengo ganas de ir al shopping”, nos respondió malamente la asistente, dejándonos un sabor bastante amargo.

De todas formas, ya algo se había roto previamente. Esa falta de deslumbramiento ante la investidura del Padre por parte de mi hijo fue definitiva. Sin la complicidad del principal interesado, no habría acuerdo de sanación posible, y él era un chico de ciencias. Como él mismo decía -“o se cree en dios o en el big bang”, y él era un fanático de la teoría de la expansión permanente del universo. Yo pensaba igual, pero era más flexible, podía tomarme un recreo por necesidad. Él era más terminante en las oportunidades que consideraba no estar afectando a nadie con sus comentarios. –“Yo mucho no creo, pero no se lo digo a mamá porque ella lee todos los días ese libro rosa”, decía refiriéndose a la Biblia.

Compramos cuatro bidones para llenarlos de agua bendita que se entregaba en forma gratuita, los cargamos en el baúl, nos saludamos con mi cuñado, que se volvía a Rafaela, y a la medianoche emprendimos el regreso a Buenos Aires. Al rato él se durmió, y la tensión de manejar en la ruta de noche se compensaba por la serenidad de la soledad y el silencio.

En 3 horas estaríamos en casa y ese día interminable habría llegado a su fin. Pese al sueño, mi esposa me daba charla para mantenerme atento.

Me fui de Rosario con la sensación que a partir de ese día, sólo tres personas en el mundo de las que habían estado con el Padre Ignacio descreíamos de su capacidad sanadora, y de la de cualquier Padre o sanador de cualquier fe: Mi esposa, yo, y Sebastián.

28. junio 2009 por Mario
Categorías: Mis Historias | comentarios

Comentarios

  1. Gabriel dice:

    Hola Mario,
    seguramente la perdida de un hijo es lo peor que le puede ocurrir a un ser humano, también hay gente que como a vos le salieron muy mal las cosas el día que les toco ir a ver al Padre Ignacio.
    Lo que yo creo es que las experiencias son tantas como personas que fueron o que irán a ver al Padre. Yo escribo en mayo del 2014 y hace unos días fuí a verlo y mi experiencia fué excelente, sacamos turno por internet, nos lo dieron para muy pronto, fuimos una hora antes del turno y fuimos atendidos aprox en 6 horas total y las chicas que están alrededor del padre fueron tan amables como la charla que él tuvo con mi hija.
    No se tampoco si el agua bendita será lo único, si los resos en conjunto con mi esposa servirán de algo, pero sabés, es algo más, es en lo que puedo ayudar y creo que será bueno y tengo plena fé, pero tambien te entiendo porque vi a una persona que lloraba porque decía que la habían tratado mal.
    A mi me trataron genial todos y yo también hice las cosas bien, no a las corridas y me tomé mi tiempo.
    En conclusión yo digo que solo los que están preparados saben escuchar, las palabras están para todos.
    Un abrazo

  2. laura dice:

    QUERIDO MARIO Y FAMILIA, nadie más que quien vivió una experiencia tan dolorosa puede comprender lo que contás, yo perdi una hermana hace más de 40 años, y aún hoy mi madre sigue prendida a ese dolor. Con respecto a lo que lo relatás de tu visita al Padre Ignacio, hiciste lo que cualquier padre haría, buscar una solución- Las cosas de la fe son tan insondables. Yo necesito de ello para darle sentido a mi vida, creo profundamente que hay personas que son instrumentos de Dios y ojalá este sacerdote pueda desplegar sanación para quienes lo necesitan. Dios no dirime entre aquellos que creen o no, me parece que tiene más que ver con el paso signado para esta tierra. Espero de corazón que las alas de tus palabras te mantengan unido a este angel, que sin duda gozó de padres que lo amaron mucho. Luz para sus vidas y toda i admiración ante la entereza del dolor más hondo que alguien puede sobrellevar. Dios los bendiga

  3. Claudia dice:

    Hola padre Mario le quiero pedir por Miguel Angel Palacio que tiene un cancer en los pulmones y por su hermana Lidia Ester Palacio por cancer de utero, que hace 8 meses perdierón a su padre, que somos muy humildes y no podemos llegar hacia usted y si pudiera ayudar, a mi hijo Angel Gabriel Palacio a lebantar su trabajo que fundio y que le de fuerzas a mi hijo Angel. Esposa de Miguel Palacio que tengo que luchar por los hermanos espero su vendicion y contestacion cuando pueda llegara hacia usted soy legionaria de Maria. Elsa Martinez. Gracias

  4. Diana dice:

    Estimado Mario: ha pasdo bastante tiempo desde tu experiencia esperanzadora en lo del Padre Ignacio. Conmueve y sorprende como tantas vicisitudes previas que parecían por momentos desahuciarte y luego elevarte al mundo de la esperanza.todo un viaje de aventuras si no fuera por la carga emocional que implicaba la salud de tu niño.
    Yo he estado en dos oportunidades. La primera sólo para tantear cómo era la cuestión y la segunda, hace unos quince días, donde por fortuna tuvimos luego de pasar por gente desagradable que por poco nos ladraban, dimos con una gentil dama de nombre Elba, que nos allan{o el camino y nos alivió todo lo pasado en horas peias al día de máximo calor y haciendo turno (LAs primeras) a la hora de la siesta al lado de la caldera…. No importó: luego de idas y venidas logramos ingresar a la misa de las 19 y después de ella lograr un turno para esa noche (Veníamos de Corrientes, pagábamos hotel en Rosario, y m hija con una ansiedad imparable. ) Lo que me tocó vivenciar en el momento de atención de mi hija me impresionó y aún sigo así-por una serie de circunstancias que no puedo revelar . Le dio un tratamiento que ha cortado de modo que dudo que si hubiera una posibilidad de sanación se pueda dar ya que no cumple lo solicitado- en cuanto a mí – que no fui con diagnóstico alguno, me tocó dos partes del cuerpo donde tengo problemas y me dio un tratamiento que sigo al pie de la letra y ha comenzado a funcionar.
    Otra cosa curiosa que sin saber que yo era la madre, me llamó por señas para que la abrazara. Me dijo palabras que no entendí, pero sentí fuertemente na presencia sobrenatural. (Te aclaro que he sido siempre reacia q creer en estas cosas).
    Siento que no hayas obrenido lo que buscabas. Creo que hay n porcentaje de gente que se cura y otros que no. Vaya a saber por qué. Te mando un abrazo enorme sintiendo que c ello puedo abrazar tu corazón y a la mejor contagiarte un poco de paz.

  5. gisele dice:

    Hola Mario,me gusto mucho tu historia. Hace 11 anos perdi a mi primer hijo en el momento del parto, luego de mucho pedirle a Dios tuve a mi nena y hace 4 anos nacio mi ultimo hijo el cual viene estando bastante enfermo. Los medicos x mas q le hagan el tratamiento q le hagan mejora temporariamente,x eso queria llevarlo al padre Ignacio. Y ver q pasa von el, me siento reflejada en tu historia xq no soy demasiado catolica y siento q le fallo a Dios x lad cosas q siento. Les mando un abrazo enorme a la distancia

  6. Nélida dice:

    MARIO. OLVIDÉ DECIRTE QUE TAMBIÉN FUI A SALTA A VER A LA HERMANA LIBIA. SUBÍ EL CERRO CAMINANDO, QUE ES BASTANTE ENGORROSO SUBIRLO, ME CANSÉ MUCHÍSIMO. FUI REZANDO TODO EL CAMINO. NO VEÍA LA HORA DE LLEGAR, PERO LLEGUÉ. ARRIBA DEL CERRO ME PASARON MUCHAS COSAS. EN OTRA OPORTUNIDAD LES CONTARÉ SI USTEDES ME LO PERMITEN. UN BESO PARA TODOS. HASTA SIEMPRE.

    1. Mario dice:

      Nelida, vos tenés todo permitido! Gracias por escribir aquí!

  7. Nélida dice:

    HOLA MARIO, NO CREO QUE SOLO SEA NO TENER FE. YO TE PUEDO ASEGURAR QUE TENIA MUCHÍSIMA FE. MI NIETO ESTABA PARTIENDO Y YO SEGUÍA REZANDO Y PENSANDO QUE NO SE IBA. AHORA PIENSO DE OTRA MANERA. PIENSO QUE CUANDO VENIMOS TENEMOS LA HORA MARCADA PARA IRNOS. YO RECE MUCHÍSIMO. FUI A CUANTO SANADOR QUE ME DECÍAN. FUI 5 VECES A VER AL PADRE IGNACIO, FUI CON UN TURNO ESPECIAL PARA MI NIETO, EL A PESAR DE SUS 4 AÑITOS TENIA MUCHA FE. CUANDO ENTRO A LA IGLESIA SEÑALANDO A LA VIRGEN Y A JESUCITO COMO EL LLAMABA A JESÚS, LES DIJO, USTEDES ME TIENEN QUE CURAR, PORQUE YO QUIERO CURARME. CUANDO LE TOCO EL TURNO DE IR AL PADRE IGNACIO FUE CON LOS BRAZOS ABIERTOS, EL PADRE LE PREGUNTO POR QUE IBA ASÍ Y EL LE RESPONDIÓ PORQUE QUIERO QUE ME ABRACES PARA PODER CURARME. ¿LES PARECE QUE NO HUBO FE? LA FE DE UN NIÑO DE CUATRO AÑOS, UN ÁNGEL. MARIO HAY COMENTARIOS QUE A VECES NO HAY QUE TENER EN CUENTA. NADIE ES DUEÑO DE LA VERDAD. YO LOS ADMIRO A VOS A TU ESPOSA Y A TODA TU FAMILIA POR TODO LO QUE HICIERON. PERO NO SE POR QUE LAS COSAS SE DAN ASÍ. SERA PORQUE SON ÁNGELES QUE VIENEN A DEJAR UNA ENSEÑANZA Y DESPUÉS SE VAN. UN BESO GRANDE PARA VOS, TU ESPOSA, TU NIÑITA Y TODA TU FAMILIA. HASTA SIEMPRE…

  8. Paula dice:

    Mil perdones, no sabía que tu hijo había fallecido, si no, no hubiera escrito ese comentario . Buscaba información sobre cómo llegar al padre Ignacio, me encuentro con tu blog, y veo un comentario tan ofensivo….bueno, me saqué. Pero después seguí leyendo, y me enteré lo de tu hijo…el dolor te debe haber hecho sentir así…..Espero puedas superarlo. Perdón otra vez, y lamento haber escrito el comentario aquel, aún en cualquier caso, tenés derecho a opinar como quieras. Pero parece que todo el mundo tiene derecho a pegarle a la iglesia Católica; nadie escucha decir nada sobre otras religiones… en fin….que Dios tenga piedad de todos, los unos y los otros.

    1. Mario dice:

      Hola Paula, no entiendo que encontrás de ofensivo en el texto, describo mis vivencias, cuento de gente que cree y otra que no, y fui a ver al Padre por respeto a toda la gente que pensó que era una opción de sanación, como mis familiares tan cristianos como vos. Hice todo lo que estuvo a mi alcance, tanto aquello en lo que creía como lo que no, eso podés leerlo en otros textos.
      A lo mejor si lo volves a leer, te das cuenta que no hay ofensa alguna, y describo la sanación como un acuerdo entre las partes.
      En cambio lo que sí es ofensivo, y muy poco cristiano por cierto, son tus comentarios agresivos y antisemitas.
      Espero que puedas cambiar esa visión.
      Saludos!

      1. Paula dice:

        Mario: Si es necesario, nuevamente te pido perdón por mi comentario. No obstante, quiero aclarar que el término “fariseísmo hipócrita” no está referido a tu condición de judío, sino que es un término que se emplea en el cristianismo para referirse a aquella persona (cristiana) que no es del todo sincera en su relación con Dios. Si haz leído u oído algo del Nuevo Testamento, sabrás que Jesús reprochó esa actitud a los religiosos de su época, En todo caso, sería ofensivo para los fariseos de entonces. Puedo entender que alguien se ofenda si le dicen “hipócrita”, pero no es una expresión antisemita, como tampoco el que haga referencia a tu ascendencia hebrea, a la que, por otro lado, vos mismo aludís en tu blog. Aclarado esto, pido nuevamente disculpas.
        Sigo encontrando altamente ofensivo tu texto, pero no quiero hacer más comentarios al respecto.
        Saludo.

  9. Paula dice:

    La verdad, lamentable tu comentario. Se nota que tenías un conflicto con tu ascendencia hebraica; decíme ,para qué fuiste si no creías?Sos un fariseo hipócrita, cerraste las puertas para la sanación de tu hijo-.”Sin fe es imposible agradar a Dios”. Todo tu tedioso relato no es más que una disculpa ante tus amistades judías por haber ido a ver a un sanador cristiano.

  10. ernesto dice:

    Hola.
    Una consulta para los que fueron con turnos.
    ¿Alguien sabe si hay que esperar muchas horas el dia del turno?

    Consulto porque iria con un abuelo, que no puede esperar mucho

    sdos y gracias

  11. Bibiana dice:

    Mario, lamento mucho lo de tu hijo, me hizo llorar mucho el dolor que se transmite en tu relato, ese dolor que ningún padre debería pasar, yo tengo un hijo y si algo le pasara se me terminaría la vida, ya perdí a mis padres y me siento desangrada, el día 13 fui al padre Ignacio, fui con mi hijo, hice la cola para buscar el agua bendita y mi hijo para la misa y quedarnos para la bendición, era un mundanal de gente, la misa la escuchamos en el patio, para cuando terminó y empezaban las bendiciones entrabamos de a poco, amontonados, sin poder sentarnos, estábamos casi el hall de entrada de la iglesia, y no avanzábamos , los colaboradores como dijiste mal educados, no te explicaban nada, tras casi seis horas de espera y viendo que no había avance alguno y que muchos estábamos descompuestos decidí irme, estaba cansada de la gente que estaba a los gritos, carcajadas, gente grande adolorida, criaturas, pero no se puede dejar a tantas personas sin unas palabras de aliento, una explicación, no pude ver al padre, terminamos llegando a casa doloridos, hasta el día de hoy el cuerpo es una llaga y vivimos en Rosario, por eso te entiendo porque hiciste tantos kilómetros con una esperanza y te fuiste con mal trago, encima tu bebito se fue, una alma pura, no creo volver, ahora rezo por que vos y tu familia tengan fuerza, porque tu hijo está con ustedes, los protege, y nunca te olvides que hiciste todo lo que estaba a tu alcance, son unos padres maravillosos, y el fue un hijo maravilloso, ese es el mejor de los recuerdos, les mando un abrazo y un besito a tu ángel que está en el cielo.

  12. marcela dice:

    Hola mario.- comparto totalmente tu opinion, estoy por emprender el famoso viaje a rosario, con mi niña, que sufre de una epilepsia refractaria terrible, solo por respeto a los que la quieren, y creen en la posibilidad de mejoria acercandola al Padre ignacio. sabes que a mi marido y a mi no nos pasa nada con eso. y yo siempre repetia una frase desde mi ser vulgar ” no la ve Dios o quien sea , no la puede ayudar a no transitar con tantisimo sufrimiento? y hace poco mi marido escucho un tema de Ilda Lizarazu (no se si esta bien escrito) ….alguien tiene que aparecer, algo tiene que pasar..” sentimos que referenciando algo asi, pero reitero me unio a vos esto de hacerlo casi por respeto a los cercanos que nos quieren y nos ayudan a diario.- no se ojala creyera en algo, creo que relajas un poco la espalda, pero no me pasa.-.. perdona que me meti un poquito en tu historia, pero esto casi de casualidad, causalidad, te lei buscando info, y conoci vuestra historia.- de la cual compartimos tanto caminos, por eso tus palabras se me pegaron. y desperto este contacto.- un saludo.

  13. ana dice:

    Querido Mario: lei esta nota y quede muy emocionada por el relato,justo mañana una amiga queria ir a ver el padre ignacio y queria que la acompañara y de paso yo le pediria tambien por mi y mi familia, antes de contestarle de por si o por no, decidi investigar quien era el padre ignacio, y la primer pagina que abri vi un par de videos y sinceramente hubo algo que no llegaba a cerrarme sobre el, despues vi este blog, y decididamente me convenci que por lo menos esta vez tenia que usar mi fe ante dios sin intermediarios, lamento lo que le ha sucedido con su hijo, mis respetos a usted y su familia un abrazo!

  14. Alicia dice:

    Hola que tal, quería contar mi experiencia, la primera vez que vine lo hice sin creer nunc había pasado por algo así, vinimos por mi suegra.
    cuando me hizo la posecion de manos fue increíble me shoquio,pero nada guau sólo agua vendita y oración
    la segunda vez fui con dos temitas,uno era un embarazo que no sabía si venía todo bien o que sólo tenía una consulta con obstetra que en la eco daba que había que esperar nada más, yo con miles de miedos de por medio tenía un bebé ya de 9 meses, otro me moría y de más, y otro fui cn una foto de mi familai teniendo a mi papá mal, cuando llegue a la posecion de manos me señaló a mi papá y me dijo tu papi, yo llorando le dije que si me toco fuerte mi abdomen y su asistente me dijo lo que debía hacer mi papá le daba una medallita agua bendita cn limón resar y bLa bLa lo cual por vivir a mil km no pudo ser posible todo pero a mi papá se le diagnosticó un cáncer y falleció a los 5 meses de lucha, y con respecto ami, yo tenía un saco embrionario sin embrión lo cual me indicó que haga un rezo de una oracion agua bendita tirar en un toallita femenina y al dia siguiete perdí por xompleto ese saco que era un fuerte coágulo de sangre a la sig consulta me hacen eco y no fue necesario ir a legrado por que no quedaron restos alguno,síntesis el supo que n había bebé ahi e hizo para que no se tarde más cn esto,tmb sabía por mi papá, pero n fue posible,y yo en este momento cursso un atraso nuevamente y vengo hoy presente acá esperando hace hs, llueve muchísimo, pero existe mi fe que jamás tuve con nada ni nadie,gracias por permitrime escribir estas palabras

  15. claudia dice:

    No se como llegue aca! Estoy llorando por lo que has contado. Conmovida. Estoy con vos y con tu esposa! Por honor a ese hijo pongan lo mejor de sí para salir adelante! sin ocultar el dolor pero con fuerza para encontrar otros espacios de felicidad! Les mando un beso enorme!

  16. nancy dice:

    Hola Mario…Todavía ruedan lágrimas por mis mejillas…Quiero decirte que entiendo tu dolor, mi hijo también murió despues de haber sufrido una enfermedad muy fea. Cuando tenía 3 años fuimos a ver al Padre Ignacio y sentí muchicima paz…la misma que siento hoy en día al cerrar los ojos y sentir que Fede (mi bebé) está cerquita mío. Probá vos también y te aseguro que también vas a sentir a Sebas cerquita tuyo. Un abrazo fuerte…

  17. Claudia dice:

    Solo decirte que todos buscamos la fe en algo, un hombre, una imagen o solo la fuerza del sol al amanecer…lo que hiciste valio tanto como ir al mejor de los medicos del mundo, ya que lo hiciste por tu hijo y eso nadie te lo saca; hiciste todo lo que pudiste y aun mas seguramente.
    Yo fui la semana pasada buscando lo mismo que vos, un milagro, que se yo quizas se de, quizas no…soy de las que piensan que los milagros no son para todo el mundo, no es falta de fe solo es ver cada tanto los noticieros…gracias por tus palabras…busque como tantos otros relatos de las visitas al Padre, entre, te lei y quise dejar mi saludo.

  18. Cintia dice:

    Hola Mario, siento mucho tu perdida, no hay palabras que tengan sentido para lo que te toco vivir, yo tengo un hijo de 4 meses con una enfermedad genética grave y también fui del Padre Ignacio no siendo creyente ni dejando de creer, y me dijo que se iba a curar, se que las enfermedades genéticas no se curan, pero hoy rezo con todas mis fuerzas para que tengamos el milagro, ya que el me dijo que se podía. No quiero molestarte, pero mi pregunta es si seguiste las consignas de los rezos que el les dio.
    Tengo miedo de tener falzas esperanzas ya que es casi imposible que mi hijo se cure, busco encontrar en internet las vivencias de la gente que fue del Padre y les fue positiva y negativa su visita.
    Espero tu respuesta a mi pregunta.
    Gracias.

    1. Mario dice:

      Hola Cintia, no tengo una respuesta para tu pregunta.
      No creo que dios exija nada a cambio de ayudar a quien lo necesita.
      Pero es solo una opinión.

    2. Andrea dice:

      Hola Cintia, quisiera saber como fue tu experiencia con el padre Ignacio, estoy buscando informacion y fe, tengo un hijo que fallecio por una enfermedad genetica, y hoy en dia estoy embarazada de cinco meses y aparentemente mi bebe tiene la misma enfermedad y pronosttico de su hermano mayor. estoy desesperada en busca de fe y un milagro que le salve la vida a mi hijo

    3. Maia dice:

      Hola Cintia,
      las enfermedades genéticas SI SE CURAN.
      Si el tema te interesa, te sugiero q profundices en el campo de la EPIGENÉTICA, q ha surgido como un puente entre las influencias genéticas y las ambientales.
      Nuestros genes no están enterrados en nuestra biología a una profundidad remota de nuestra conciencia y preocupaciones cotidianas. Muy por el contrario, nuestros genes se manifiestan en todo momento en respuesta a todo lo q estimula nuestra curiosidad, nuestra sorpresa y fascinación. Nuestros genes están expresados en el drama continuamente cambiante del fluir de eventos significativos de la vida.
      El puente entre la ciencia, el espíritu y la sanación puede modular la forma en q nuestro cerebro, cuerpo y genes interactúan en nuestra cotidianidad, a través de cambios q las generaciones precedentes no hubieran podido comprender.
      Abrazos de luz !!!!

  19. patricia dice:

    mario usted y su familia tienen un pedacito de cielo ganado muchos cariños desde chile……

  20. patricia dice:

    mario de verdad que a muchos de nostros nos hubiera gustado que tu historia hubese tenido otro final soy madre de 2 niños y de verdad que al leer tu historia me senti muy triste de verdad le pido mucho a dios que les de la fuerza para poder soportar este dolor que estan viviendo como familia muchos cariños para usted y su señora

  21. monica dice:

    Mario le pido a Dios fortaleza para tu tránsito en esta vida, y la de tu mujer…..En este momento mi hijo menor se ha ido con su padre y no se comunica conmigo. Es una situación muy dolorosa……y se la “llevo” al Padre Ignacio , siento que le llevo mi dolor….necesito compartir este dolor….
    Ya he ido otra vez a ver al Padre Ignacio, fue una experiencia diferente y tuve ” mi milagro”…..pero COINCIDO contigo……la gente de su alrededor me trató muy mal…..especialmente unas señoras jovenes…..en la Iglesia……también sentí como vos… Es muy difícil manejar grupos…..
    Voy en busca de alivio….un saludo y gracias s

  22. zuinny dice:

    Mario ,cuanto lamento tu dolor,rezare mucho por utds para que EL SEÑOR les envie la paz y sanacion a vuestras almas.Cuando puedas y abras tu alma a la escucha de DIOS,ve a una parroquia,acercate al Sagrario y decile al SEÑOR : Señor
    aqui estoy, habla que tu siervo escucha!!,por que solo EL tendra las palabras justas
    Quizas no me entiendas o te moleste lo que escribo ,pero me uno a ese dolor , solo la FE y la ESPERANZA,curaran vuestra pena.
    Yo hace muchos años que visito al PADRE IGNACIO y siempre quisiera quedarme alli ,experimento mucha paz ,mucho amor de DIOS y siento esa presencia DE DIOS caminando entre nosotros,EL Padre es solo mediador entre el hombre y DIOS,esa es su mision lo especial te lo da la FE en el EVANGELIO dice el SEÑOR CUANDO PIDAS CREIS QUE YA LO TENEIS Y LO CONSEGUIRAN,rezare para que de ahora en mas pueda ser asi.
    Ojala no te dañe lo que escribo pues lo hago con mucho amor ,reconociendo a mi SEÑOR y ayudando a mi hermano que esta triste
    Pedire PAZ Y FE para toda tu flia .UN abrazo en CRISTO

  23. pablo dice:

    Yo estuve ayer, 29 de julio de 2012, a recibir la “bendición” para acompañar a mi hermano que está bastante mal y si lo hubieran confortado espiritualmente un poco tan solo ya habría sido un gran avance.
    La misa estaba bien dada (yo mucho no voy a misa pero mi hermano es muy creyente), pero nada más. El limón, beber agua bendita con limón parece más cosa de un curandero que de un cura. Mi hermano que fue con muchas esperanzas se fue descreyendo de él, y ni siquiera hablemos de la “empresa” que nos llevó en el micro ni de las “coordinadoras” muy mal educadas que su máximo esfuerzo era parar el micro en el lugar determinado y “sugerir” ir a comer a tal lugar y no dejaban estar dentro del micro (a gente muy muerta de sueño después de la vigilia y algunos enfermos) para que “estiren las piernas” o sea que consuman algo por ahí.

    También estaban las “colaboradoras” del padre Ignacio, muy pero muy maleducadas, pero era el menor de los males.

    Espero que tu hijo se mejore, para mi hermano fue contraproducente haber ido

  24. guernica dice:

    Estimado Mario, espero que tu hijo este en franca mejoría. Estuve leyendo detenidamente tu relato y veo que sos del tipo de personas que permite que su prejuicio le gane a la esperanza. Para vos tu hijo es tu mundo pero tambien lo es toda la gente que recurre al padre Ignacio. Los que van por infertilidad como vos observaste, los que van por cancer y todo tipo de poadecimientos y enfermedades incurables que vos desconoces.
    Ponerse en el lugar del otro es signo de madurez. Un cura, mas allá que me guste o no, que se pasa todo el dia atendiendo gente desesperada, escuchando relatos de gente necesitada de salud propia o de seres queridos merece todo mi respeto. Yo no podria hacer eso gratis y tampoco si me pagaran todo el oro del mundo y vos tampoco. En cuanto a la secretaria de la parroquia que te puedo decir? Es un ser humano cualquiera. No se puede juzgar a una persona o a una religion y menos a Dios por una estupida. Te mando un gran abrazo y espero que Dios bendiga a tu hijo y a tu familia.

    1. Mario dice:

      Hola, que lástima que no leíste un poco más, así tenías el contexto en el que escribí esta nota.
      Mi hijo sí era mi mundo, pero también el de mucha gente que lo quería, por eso no puse reparos en llevarlo con el Padre a pedido de mis familiares, aun cuando descreo de ese tipo de soluciones. Si me hubiera dejado llevar por el prejuicio, nunca hubiese estado allí. Cuando digo “era”, es porque sé de padecimientos y enfermedades incurables, esas que decís que desconozco.
      Si lees la nota con detenimiento, yo cuento mi experiencia, no abro un juicio de valor sobre el Padre, que lo tengo y no está expresado en mis palabras.
      Y si hubieras leído los comentarios, verías que a quienes escriben diciendo que tienen pensado ir a Rosario yo les cuento que otros han tenido mejores resultados que mi hijo.
      Te hacés cargo de una ofensa que no ha sucedido: es un simple relato de una persona agobiada por la pérdida de un ser querido.
      Sin embargo tus palabras sí están cargadas de bastante agresividad. Una pena. Estoy seguro que dios no vería eso con agrado.
      Un abrazo para vos también.

      1. Querido Mario, me morí al leer que perdiste a tu hijito…
        Tus condiciones de relator, de escritor que me llevó a meterme en la historia que describías como si estuviera leyendo una novela… lamentablemente, no era una novela.
        Te mando un abrazo, a vos y a tu esposa, y en mi corazón se ha metido un poco de vuestro dolor para compartirlo con uds…

        1. Mario dice:

          Muchas gracias! Me hace muy bien tu comentario, mi intención es contar historias de mi hijo como una forma de tenerlo un poco más conmigo.

  25. Sandra de Floresta dice:

    Mario, que triste lo que les tocó y toca vivir. Hace tiempo que quiero ir a ver al Padre Ignacio, mi hijo de 17 años está fuera de control y no se más qué hacer. Siento, leyéndote, que lo nuestro es mínimo. No me imagino la vida sin mi hijo, pero confío en que pueda el Padre ayudarme. Fuerzas y gracias por compartir tu experiencia.

  26. Gabriel dice:

    QUERIDO MARIO…. perdon por el comentario anterior… al seguir leyendo tu blog, me di cuenta de algo….. no tengo palabras….. solo un nudo en la garganta…..

    1. Mario dice:

      Ningún problema Gabriel! No te sientas mal, vale tu comentario anterior, incluso después de haber leído el resto.
      Un abrazo!

  27. Gabriel dice:

    Estimado Mario, ojala hoy estes disfrutando de la Salud de tu hijo. Yo te doy testimonio real de la sanacion de mi padre de un cancer de higado que obvio junto al padre Ignacio se lo trato en el Htal Pirovano de la Cdad de Buenos Aires. Ojala tengas el mismo final con tu hijo. Te lo desea un padre de un varon de 6 años de edad, que mezcla agua bendita y ajo

  28. Martín dice:

    Mario,
    Gracias por compartir tu experiencia (no sólo me refiero a lo del Padre Mario), sino por todo el blog.
    Mi mamá tiene cáncer, y manana me estoy yendo a ver al Padre (hace dos anios también fuimos), buscando esperanzas.
    Me emocionó mucho todo lo que estuve leyendo, y me dió muchas fuerzas.
    Te agradezco de corazón, y rezaré por tu esposa, por vos y por Sebas.
    Abz

    1. Mario dice:

      Gracias Martín!

  29. Gonzalo dice:

    MUY DURO TU RELATO Y, REALMENTE , LO SIENTO MUCHO. SI NO LLEVABAS EL D.N.I NO TE ATENDIAN? YO TENGO UN HIJO DE 3 AÑOS QUE TIENE UNA LUXACION DE CADERA GRAVE Y TIENE QUE SOMETERSE A UNA OPERACION MUY GRANDE. CON MI MUJER PENSABAMOS LLEVARLO CON EL PADRE. TU RELATO NOS DEJO HELADOS.

    1. Mario dice:

      Hola Gonzalo, mi relato es lo que yo experimenté, eso no quiere decir que para todos sea así. De hecho también cuento que otros lo vivieron de otra forma, y encontraron en el padre lo que iban a buscar. No te sientas condicionado por lo que escribí, hacé lo que sientas. Yo por mi hijo hice de todo: curas, sanadores, homeópatas, gemoterapia, medicación alternativa… lo que me parecía que servía y lo que no, todo el que me traía algo para ayudar, yo le daba cauce, siempre y cuando no contradiga las pautas médicas. Por esto te digo que si tu mujer y vos piensan ir a ver al Padre y que eso los va a ayudar, puede que tu experiencia sea distinta a la mía, más que curando milagrosamente, dándoles la fuerza que necesitan para acompañar a tu hijo con entereza.
      Te mando un abrazo y lo mejor para tu hijo!

  30. Anibal dice:

    bueno antes que nada preguntar como está sebastián al dia de hoy,en segundo lugar decir que me atrapo el relato y por supuesto al ser una persona y padre, me siento conmovido, es dificil creer sin ver,pero vamos a creer en los que vieron y en la fuerza de la union como energia que somos, y formar una cadena de oración tan fuerte que mueva la estructura de la montaña…estoy a su disposición, vivo en santa fe capital ..

  31. gladys dice:

    yo tambien viaje contoda mi fe .. para llegar y encontrarme que todos los que rodean al padre no solo noles importa lo que les pasa a todos los que con fe cren en el Padre Ignacio sino que se burlan de su fe tratandolos sin ningun respeto como si fueramos animales que no meresen su atencion no creo que el padre sepa que jente lo rodea …a mi me toco fue una experiensia muy fea
    no creo que vuelva aviajar me reulto todo una farsa… porque el padre no estaba no nos dejaron entrar a la parroquia me paresio una falta de respeto alos que viajamos de tan lejos con mucha fe

  32. Ana dice:

    Acabo de enterarme…te pido mil disculpas. Sólo había leído lo del Padre Ignacio y por eso escribí lo que escribí. Después recién leí sobre su partida.
    Perdón otra vez.

    1. Mario dice:

      Hola Ana, no encuentro nada malo en lo que escribiste, no tenés porqué disculparte. Quizás ahora lo releas de otra forma.
      Saludos!

  33. Ana dice:

    Estimado Mario, no sabés cómo me conmovió lo que escribiste y como soy madre, comprendo lo que estarán sufriendo. Yo soy muy creyente y Dios me colmó de bendiciones, pero por esas cosas de la vida, sufro de una gran depresión y angustia. Me estoy tratando por eso, pero creo mucho en el poder de la Oración. Pensé mucho en ir a ver al Padre Ignacio pero no encuentro las fuerzas. Por ahora rezo. Voy a rezar También por Sebastián y también por uds. Te dejo esta oración de San Francisco: Señor, dame la serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar; el valor para cambiar aquello que puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia. Que Dios los bendiga.

  34. Elsa dice:

    Mario, con todo respeto te cuento que también he ido a Rosario a ver al padre ignacio en tres oportunidades, nunca han cobrado el agua bendita, quizas pagaste fuera de la iglesia por un bidón para almacenarla, pero si llevas el tuyo de tu casa no necesitas comprar uno.
    Lo escencial para acercarse a pedir sanación por su intermedio es nuestra fé, el padre ignacio no hace milagros, los milagros los hace Dios y el en las misas lo repite sin cansacio. Los turnos han sido determinados así porque en otros tiempos gente inescrupulosa vendia esos turnos por cifras siderales a personas desesperadas.

    1. Mario dice:

      Hola Elsa, tenés razón con lo que comentás del bidón y corregí el texto para que así se entienda. Mi intención no es hacer un juicio de valor sobre el Padre sino relatar la experiencia desde mi sistema de creencias. Yo creí en su momento que todos los que querían a mi hijo tenían derecho a ayudarlo y por eso accedí a ir a ver al Padre, por respeto a mis familiares que sienten lo mismo que vos.
      Gracias!

      1. ALICIA dice:

        Mario… si uno va esperando un milagro, algo sobrenatural sin creer que eso va a suceder, si no tenés fé…casi te diría que no tiene sentido ir. El padre es un ser humano (con sus limitaciones) como cualquiera, no es el quien cura a los enfermos sino la gracia de Dios a traves de sus manos y fundamentalmente de tu fé. Respeto tu punto de vista pero yo lo veo totalmente distinto. Tengo problemas de infertilidad, y aunque vos creas que es menos importante para mi es LO MÁS IMPORTANTE. Fui ya tres veces a ver al padre y a vivir la eucaristía con mi corazón abierto de par en par, creo ciegamente que Dios me dará el milagro y que un día podré ir con mi hijo/a en mis brazos a decir GRACIAS! Me encantaría que tu relato tuviera otro final… y nisiquiera tengo palabras al respecto ni me imagino lo que siente tu corazón, pero te mando un abrazo aunque no te conozca y deseo que encuentres la fuerza para seguir ( a tu manera) con lo que Dios tenga preparado para vos.

  35. nancy dice:

    Mario, el padre no hace magia, solo intercede por nosotros y nos da aliento y fe. El que no tiene fe, no notara nada de lo que notamos los que si la tenemos. No es un curandero, es una persona como vos o como yo. Con respecto al agua, yo he ido y no la cobran, lo que se cobra es el bidon que vende la gente en la calle, pero si llevas tu propio bidon, no tienes que poner un centavo. Mucha suerte.

    1. admin dice:

      Hola Nancy, yo creo estar diciendo lo mismo que vos, que es una cuestión de fe. Cuento mi experiencia desde la visión de quien no tiene fe. Respecto a lo de los bidones es como vos decís, lo corregí en el texto para que no queden dudas. Gracias!